La Tremendita

A tiempo

Teatro Central - 23h

Rosario fue a veces Rosario y a veces la Tremendita.

La segunda, es una cantaora flamenca sorprendente, con un gusto exquisito para ponernos a todos en órbita cantando sola, a nudillo, por soleá. Porque la Tremendita quiso empezar desnuda, sin artificios. Al momento, vestida tan solo con la guitarra de Salvador Gutiérrez, dijo granaína y granaína y media, con el lenguaje que sólo ella maneja en el cante. El que la convierte en una rara avis flamenca. Lírica, sí, pero con jondura.

El polo tuvo formas musicales con un duende casi negro, casi funk. En ese caballo volvió a montarse, flamenca y sobria, dentro de su barroca concepción de la austeridad.

La milonga nos dejó el primer apunte de bilingüismo. Trompeta con ecos de un jazz parido en ambientes sombríos.

"Me obligan a mí a quererte" es una obra de artesanía de las cuerdas de Salvador Gutiérrez, pigmentada por un aire que es el que la Tremendita hace brillar, una rara ortodoxia, una pureza casi incómoda, una voz que no suena a nadie que cante en el arte grande.

El final de del primer ejercicio de estilo vino por bulerías. Difíciles de apreciar ya que frente a frente le salió al envite Rocío Molina, para acaparar las miradas y convertirse en imán escénico. Rocío, que convierte en un paso de baile el simple gesto de soltar un broche del rojo vestido, convirtió en oro viejo una bulería a tiempo. Una vez que el dialogo se hubo establecido, con Rocío y Salvador se fue una forma de cantar.

Piano, batería, contrabajo, guitarra y trompeta fueron los instrumentos elegidos para dar forma a unas guajiras, más cercanas a un latin jazz de corte suave, que a la bravura del cante anterior.

A piano, Rosario evocó un "Verano" en forma de balada y por vidalita confirma que en terrenos de jazz "easy listening" es menos tremenda que en terrenos flamencos.

Con las nanas "Principito" Rocío Molina volvió al escenario, esta vez de una forma mas figurativa, meciéndose al compás del arrullo de Rosario, sobre un columpio que bajaba del cielo.

Tangos dedicado a "Chaqueta", por momentos pop y por momentos con arrebatos "chaqueteros", pero la Tremendita ya venía de regreso. Y con ella volvió Salvador, por bulerías desarropadas de efectos superfluos, articuladas desde las tripas, flamenco.

Rumbas bilingües de nuevo para el fin de concierto, saludos, más rumbas tras la ovación y telón abajo.

Es singular y única, tiene ecos que en territorios del flamenco te pueden llevar por momentos al barrio de Triana o a Bilie Holliday. En terrenos distintos, todavía necesita algo,un mayor bagaje que amplíe verdaderamente su lenguaje. Aún así tiene la exclusividad de un forma de cantar por derecho.


Javier Prieto, le 04/10/2010

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