Belen Maya

Invitados protagonistas

Bien trenzado. Hilvanado. Fruncido. Con una puesta en escena limpia. Minimalista. En las que casi una decena de sillas enea y dos sofás copaban el atrezzo, e impregnaban de colorido un proscenio desaforado por detrás. Como la bata de cola que presidía la escena como fiel testigo de lo que allí iba a acontecer. Así se presentaba Belén Maya y sus ‘invitados’. Con una obra generosa. En el tiempo. En lo artístico. En invitaciones. En protagonistas. En instantes idílicos. En trances de sosiego. En lo coreográfico. En lo atrevido. Con la música de Javier Patino. Con el toque morisco de Rafael Rodríguez. O con una Gema Caballero que se vació en cada tercio. Ahí estaba Belén. La anfitriona. Con ese braceo idílico. Y su medida de sentir. Esperando y recibiendo a cada uno de sus invitados. Rememorando.

A José Anillo lo aguardó al compás terruño. Que dieron paso a la malagueña del gaditano. Cante mecido con la sonanta de Rodríguez. Que dieron paso al momento más aplaudido y atrevido de la noche. Sorpresivo. Impensable. Inimaginable. Pero ahí estaba él. Manuel Liñán, ataviado con bata de cola y mantón para dar una lección magistral de cómo se mueve uno de los elementos más significativos del baile flamenco. Se gustó. Se buscó. Y se explayó por caracoles. Con todo el personal encandilado. Imbuidos en una fiesta que la propia Belén Maya no quería perderse. Y la disfrutó en el paso a dos por cantiñas con su segundo invitado. O más bien protagonista. Olé. La fiesta fluye. Como el cante de Tomás de Perrate. Que disfraza su voz Louis Amstrong para incidir en un surrealismo complaciente. Que agrada. Para agasajar al espectador y atraparlo. Aportando ciertas dosis de teatralidad tan características en los planteamientos de David Montero, director de escena.

Y ahí estaba la protagonista, la convidante. Emplumada. De época. Danzando con el actor Javier Centeno. Mientras el ‘I’m in heaven’ florecía del coro polifónico Ars Nova. La velada continúa. No cesa. José Valencia en escena. Otro de los invitados. Por seguiriya. Con la fuerza y solvencia a la que nos tiene acostumbrados. Belén Maya lo engulle. Y se prepara para la soleá. Con la bata de cola como parte crucial en el guateque. Pergueñando cada tercio. Con ese braceo tan característicos. Alambicado. De molinete y torneos. Moviéndose con soltura. Navegando por las tablas. Rezumando complacencia y goce. No en vano es su fiesta. Y quiere disfrutar de cada uno de sus invitados. Pero todo tiene un fin. Y qué mejor postre que saborear a la señora del cante por levante. Doña Carmen Linares. Anclada en el centro del escenario. Con la elegancia que la define. Persuadiendo a la protagonista. Para que remate la terna. Belén Maya por taranto. Entronizando la celebración. Lo bueno se acaba. Los invitados se visten de protagonistas. Y la protagonista se siente invitada.


Carlos Sanchez, le 24/02/2014

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